Que no pueda decirse de un operario que pudo hacer algún bien y no lo hizo
Beato Manuel Domingo y Sol
Beato Manuel Domingo y Sol
ESPIRITUALIDAD DE LA HERMANDAD

Nuestra espiritualidad es una llamada a la santidad sacerdotal y un modo específico de vivir el ministerio, inspirado en nuestro fundador, el Beato Mosén Sol.
Se resume en el Art. 5 de los Estatutos:
«La espiritualidad del operario, puramente sacerdotal, que tiene su fuente en el sacramento del Orden, encuentra su expresión plena y su alimento en la Eucaristía y se centra en el amor a Jesús Sacramentado, reparador de Dios y redentor de los hombres».
De este fundamento surgen los diez rasgos que definen nuestra identidad como sacerdotes seculares vinculados a la Hermandad.
Nuestra obligación es caminar hacia la santidad, buscando la perfección no a pesar del ministerio, sino a través de él.
Mosén Sol dice: «Como individuos reunidos y llamados e inscritos y honrados en una asociación que tiene fines y objetos especiales, estamos obligados a mayor santidad que los demás sacerdotes”.
Somos Operarios con un fuerte vínculo afectivo y efectivo con nuestra diócesis. Nuestro compromiso es universal, pero con un sello diocesano.
Mosén Sol dice: «Todos los Operarios se consagran por completo a servir a la diócesis en los ministerios que la obediencia le designa. Esto es lo que llevan en el alma: entregarse totalmente a trabajar bajo la dirección del Ordinario y a secundar fidelísimamente los deseos del mismo».
Buscamos la santificación mutua a través de la unión de compañeros, sostenida por el vínculo de la caridad, para lograr un mayor fruto en el ministerio.
Mosén Sol dice: «Nuestra Obra es la unión de unos cuantos sacerdotes seculares, para su más fácil santificación en medio del mundo, libres de todo cargo determinado y sin ambición de él, y para multiplicar así los intereses de la gloria de Dios».
La caridad pastoral es la virtud que anima y guía nuestra vida. Mosén Sol la describe como la entrega y pasión por la misión.
Mosén Sol dice: «Prescindiendo de otras definiciones, celo es el deseo vivo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas».
Estamos llamados a llevar en el corazón la solicitud de todas las iglesias, sin ataduras, para acudir donde sea más necesario nuestro ministerio.
Mosén Sol dice: «La esencia de nuestra obra es trabajar donde sea, como Dios quiera, a voluntad del Prelado, en lo que las circunstancias proporcionen; llevar una vida de atenta mirada a las mejores obras de la gloria de Dios».
Una obediencia que se funda en la participación en el ministerio episcopal. Para el operario, debe ser una entrega voluntaria y cordial.
Mosén Sol dice: «Mas la nuestra no ha de ser puramente una obediencia militar. Somos milicia más voluntaria y siempre hemos de ser voluntarios de Cristo. Pero sí, ha de ser una obediencia cordial; no con el fin de un deber sino por voluntario ofrecimiento…».
Solo es posible la disponibilidad si el operario es libre y no está atado por la ambición de cargos o dignidades.
Mosén Sol dice: «Es el sacerdote en el mundo, pero sin querer ser más que un sacerdote. No párroco, ni beneficiado, ni otro cargo, sino sacerdote libre, sin ambiciones ni deseos más que el de trabajar por la gloria de Dios».
Es la base de la vida espiritual y el fundamento de todas las virtudes, necesaria para superar las dificultades del ministerio.
Mosén Sol dice: «La humildad como sabéis es el fundamento de todas las virtudes y es un axioma en la vida espiritual, que tanta será nuestra santidad como nuestra humildad, y cuanto más ahondemos en ella, tanto mayor santidad adquiriremos».
La Eucaristía es el centro de nuestro ministerio y de nuestra vida, pues en ella se encuentra el bien espiritual de la Iglesia.
Mosén Sol dice: “Es Jesús Sacramentado el centro de todo. Él debía absorber toda nuestra vida. Y una de las cosas que nos avergonzarían en el cielo, si pudiera haber confusión, sería el pensar que le hemos tenido en la tierra, y no nos absorbió toda la vida, todo nuestro corazón».
El amor a Jesús Sacramentado, olvidado y ultrajado, es la devoción fundamental, el móvil de nuestras operaciones y la fuente de nuestro celo por las vocaciones.
Mosén Sol dice: «El origen de nuestro deseo por el bien y fomento de las vocaciones eclesiásticas, de que Dios tenga muchos y buenos sacerdotes, de que no entren futuros sacrílegos, y maleadores de almas, ha sido nuestro instintivo amor a Jesús Sacramentado, aun sin darnos nosotros cuenta de ello”.